Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

26 de abril de 2026
Jueces 6:1-40, Lucas 22:54-23:12, Salmo 95:1-96:13, Proverbios 14:5-6

Antiguo Testamento

Jueces 6:1-40
Jueces 6
Gedeón
1Los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y él los entregó en manos de los madianitas durante siete años.
2Era tal la tiranía de los madianitas que los israelitas se hicieron escondites en las montañas, las cuevas y otros lugares de refugio.
3Siempre que los israelitas sembraban, los madianitas, amalecitas y otros pueblos de Oriente venían y los atacaban.
4Acampaban y arruinaban las cosechas por todo el territorio, hasta la región de Gaza. No dejaban en Israel nada con vida: ni ovejas, ni bueyes ni asnos.
5Llegaban con su ganado y con sus tiendas de campaña como plaga de langostas. Tanto ellos como sus camellos eran incontables e invadían el país para devastarlo.
6Era tal la miseria de los israelitas por causa de los madianitas que clamaron al Señor pidiendo ayuda.
7Cuando los israelitas clamaron al Señor a causa de los madianitas,
8el Señor les envió un profeta que dijo: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo los saqué de Egipto, tierra de esclavitud,
9y los libré de su poder. También los libré del poder de todos sus opresores, a quienes expulsé de la presencia de ustedes para entregarles su tierra”.
10Les dije: “Yo soy el Señor su Dios; no adoren a los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven”. Pero ustedes no me obedecieron».
11El ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina que estaba en Ofra, la cual pertenecía a Joás, del clan de Abiezer. Su hijo Gedeón estaba limpiando trigo en un lagar, para protegerlo de los madianitas.
12Cuando el ángel del Señor apareció ante Gedeón, le dijo:
―¡El Señor está contigo, valiente guerrero!
13―Pero, señor —respondió Gedeón—, si el Señor está con nosotros, ¿cómo es que nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas las maravillas que nos contaban nuestros antepasados, cuando decían: “¡El Señor nos sacó de Egipto!”? ¡La verdad es que el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián!
14El Señor lo encaró y le dijo:
―Ve con la fuerza que tienes y salvarás a Israel del poder de Madián. Yo soy quien te envía.
15―Pero, señor —objetó Gedeón—, ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más débil de la tribu de Manasés y yo soy el más insignificante de mi familia.
16El Señor respondió:
―Tú derrotarás a los madianitas como si fueran un solo hombre, porque yo estaré contigo.
17―Si me he ganado tu favor, dame una señal de que en realidad eres tú quien habla conmigo —respondió Gedeón—.
18Te ruego que no te vayas hasta que yo vuelva y traiga mi ofrenda y la ponga ante ti.
―Esperaré hasta que vuelvas —le dijo el Señor.
19Gedeón se fue a preparar un cabrito; además, con un efa de harina hizo panes sin levadura. Luego puso la carne en una canasta y el caldo en una olla, y los llevó bajo la encina para ofrecerlos.
20El ángel de Dios le dijo:
―Toma la carne y el pan sin levadura y ponlos sobre esta roca; luego derrama el caldo.
Y así lo hizo Gedeón.
21Entonces, con la punta del bastón que llevaba en la mano, el ángel del Señor tocó la carne y el pan sin levadura; entonces de la roca salió fuego que consumió la carne y el pan. Luego el ángel del Señor desapareció de su vista.
22Cuando Gedeón se dio cuenta de que se trataba del ángel del Señor, exclamó:
―¡Ay de mí, Señor y Dios! ¡He visto al ángel del Señor cara a cara!
23Pero el Señor le dijo:
―¡Quédate en paz! No temas. No vas a morir.
24Entonces Gedeón construyó allí un altar al Señor y lo llamó «El Señor es la paz», el cual hasta el día de hoy se encuentra en Ofra de Abiezer.
25Aquella misma noche el Señor le dijo: «Toma un novillo del rebaño de tu padre; el segundo, el que tiene siete años. Derriba el altar que tu padre ha dedicado a Baal y el poste con la imagen de la diosa Aserá que está junto a él.
26Luego, sobre la cima de este lugar de refugio, construye un altar apropiado para el Señor tu Dios. Toma entonces la leña del poste de Aserá que cortaste y ofrece el segundo novillo como un holocausto».
27Gedeón llevó a diez de sus siervos e hizo lo que el Señor le había ordenado. Pero en lugar de hacerlo de día lo hizo de noche, pues tenía miedo de su familia y de los hombres de la ciudad.
28Cuando los hombres de la ciudad se levantaron por la mañana, vieron que el altar de Baal estaba destruido, que el poste con la imagen de la diosa Aserá estaba cortado y que el segundo novillo había sido sacrificado sobre el altar recién construido.
29Entonces se preguntaban el uno al otro: «¿Quién habrá hecho esto?». Luego de investigar cuidadosamente, llegaron a la conclusión: «Gedeón, hijo de Joás, lo hizo».
30Entonces los hombres de la ciudad le exigieron a Joás:
―Saca a tu hijo, pues debe morir, porque destruyó el altar de Baal y derribó la imagen de Aserá que estaba junto a él.
31Pero Joás les respondió a todos los que lo amenazaban:
―¿Acaso van ustedes a defender a Baal? ¿Creen que lo van a salvar? ¡Cualquiera que defienda a Baal, que muera antes del amanecer! Si de veras Baal es un dios, debe poder defenderse de quien destruya su altar.
32Por eso aquel día llamaron a Gedeón «Yerubaal», diciendo: «Que Baal se defienda contra él», porque él destruyó su altar.
33Todos los madianitas, amalecitas y otros pueblos de Oriente se aliaron y cruzaron el Jordán, acampando en el valle de Jezrel.
34Entonces el Espíritu del Señor vino sobre Gedeón, él tocó la trompeta y todos los del clan de Abiezer fueron convocados a seguirlo.
35Envió mensajeros a toda la tribu de Manasés, convocándolos para que lo siguieran, y además los envió a Aser, Zabulón y Neftalí, de modo que también estos se le unieron.
36Gedeón le dijo a Dios: «Si has de salvar a Israel por mi intervención, como has prometido,
37mira, tenderé un vellón de lana en el lugar donde se limpia el trigo, sobre el suelo. Si el rocío cae solo sobre el vellón y todo el suelo alrededor queda seco, entonces sabré que salvarás a Israel por mi conducto, como prometiste».
38Y así sucedió. Al día siguiente Gedeón se levantó temprano, exprimió el vellón para sacarle el rocío y llenó una taza de agua.
39Entonces Gedeón le dijo a Dios: «No te enojes conmigo. Déjame hacer solo una petición más. Permíteme hacer una prueba más con el vellón. Esta vez haz que solo el vellón quede seco y que todo el suelo quede cubierto de rocío».
40Así lo hizo Dios aquella noche. Solo el vellón quedó seco, mientras que todo el suelo estaba cubierto de rocío.

Nuevo Testamento

Lucas 22:54-23:12
Pedro niega a Jesús
22:55‑62 – Mt 26:69‑75; Mr 14:66‑72; Jn 18:16‑18,25‑27
54Prendieron entonces a Jesús y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía de lejos.
55Pero luego, cuando encendieron una fogata en medio del patio y se sentaron alrededor, Pedro se les unió.
56Una criada lo vio allí sentado a la lumbre, lo miró detenidamente y dijo:
―Este estaba con él.
57Pero él lo negó, diciendo:
―Muchacha, yo no lo conozco.
58Poco después lo vio otro y afirmó:
―Tú también eres uno de ellos.
―¡No, hombre, no lo soy! —contestó Pedro.
59Como una hora más tarde, otro lo acusó:
―Seguro que este estaba con él; miren que es galileo.
60―¡Hombre, no sé de qué estás hablando! —respondió Pedro.
En el mismo momento en que dijo eso, cantó el gallo.
61El Señor se volvió y miró directamente a Pedro. Entonces Pedro se acordó de lo que el Señor le había dicho: «Hoy mismo, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
62Y, saliendo de allí, lloró amargamente.
Los soldados se burlan de Jesús
22:63‑65 – Mt 26:67‑68; Mr 14:65; Jn 18:22‑23
63Los hombres que vigilaban a Jesús comenzaron a burlarse de él y a golpearlo.
64Vendaron sus ojos y le preguntaban:
―¡Profetiza! ¿Quién te pegó?
65Y le lanzaban muchos otros insultos.
Jesús ante Pilato y Herodes
22:67‑71 – Mt 26:63‑66; Mr 14:61‑63; Jn 18:19‑21
23:2‑3 – Mt 27:11‑14; Mr 15:2‑5; Jn 18:29‑37
23:18‑25 – Mt 27:15‑26; Mr 15:6‑15; Jn 18:39–19:16
66Al amanecer, se reunieron los líderes religiosos del pueblo, tanto los jefes de los sacerdotes como los maestros de la Ley, e hicieron comparecer a Jesús ante el Consejo.
67―Si eres el Cristo, dínoslo —le exigieron.
Jesús les contestó:
―Si se lo dijera a ustedes, no me lo creerían
68y, si les hiciera preguntas, no me contestarían.
69Pero de ahora en adelante el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del Dios Todopoderoso.
70―¿Eres tú, entonces, el Hijo de Dios? —le preguntaron a una voz.
Y él les dijo:
―Ustedes mismos lo dicen.
71―¿Para qué necesitamos más testimonios? —resolvieron—. Acabamos de oírlo de sus propios labios.
Lucas 23
1Así que la asamblea en pleno se levantó y lo llevaron a Pilato.
2Y comenzaron la acusación con estas palabras:
―Hemos descubierto a este hombre agitando a nuestra nación. Se opone al pago de impuestos al césar y afirma que él es el Cristo, un rey.
3Así que Pilato le preguntó a Jesús:
―¿Eres tú el rey de los judíos?
―Tú mismo lo dices —respondió.
4Entonces Pilato declaró a los jefes de los sacerdotes y a la multitud:
―No encuentro que este hombre sea culpable de nada.
5Pero ellos insistían:
―Con sus enseñanzas agita al pueblo por toda Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.
6Al oír esto, Pilato preguntó si el hombre era galileo.
7Cuando se enteró de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo mandó a él, ya que en aquellos días también Herodes estaba en Jerusalén.
8Al ver a Jesús, Herodes se puso muy contento; hacía tiempo que quería verlo por lo que oía acerca de él y esperaba presenciar algún milagro que hiciera Jesús.
9Lo acosó con muchas preguntas, pero Jesús no le contestaba nada.
10Allí estaban también los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, acusándolo con vehemencia.
11Entonces Herodes y sus soldados, con desprecio y burlas, le pusieron un manto lujoso y lo mandaron de vuelta a Pilato.
12Anteriormente, Herodes y Pilato no se llevaban bien, pero ese mismo día se hicieron amigos.

Salmos

Salmo 95:1-96:13
Salmo 95
Salmo 95
1¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor;
aclamemos alegres a la Roca de nuestra salvación!
2Lleguemos ante él con acción de gracias;
aclamémoslo con cánticos.
3Porque el Señor es el gran Dios,
el gran Rey sobre todos los dioses.
4En sus manos están los abismos de la tierra;
suyas son las cumbres de los montes.
5Suyo es el mar, porque él lo hizo;
con sus manos formó la tierra seca.
6¡Vengan, postrémonos reverentes!
Doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor!
7Porque él es nuestro Dios
y nosotros somos el pueblo de su prado;
somos un rebaño bajo su cuidado.
Si ustedes oyen hoy su voz,
8no endurezcan sus corazones, como en Meribá,
como aquel día en Masá, en el desierto,
9cuando sus antepasados me tentaron,
cuando me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras.
10Cuarenta años estuve enojado con aquella generación
y dije: «Son un pueblo que siempre se aleja de mí,
que no reconoce mis caminos».
11Así que, en mi enojo, hice este juramento:
«Jamás entrarán en mi reposo».
Salmo 96
Salmo 96
96:1‑13 – 1Cr 16:23‑33
1¡Canten al Señor un cántico nuevo!
¡Canten al Señor, habitantes de toda la tierra!
2¡Canten al Señor, alaben su nombre!
¡Proclamen día tras día su salvación!
3Anuncien su gloria entre las naciones,
sus maravillas a todos los pueblos.
4¡Grande es el Señor y digno de alabanza,
más temible que todos los dioses!
5Todos los dioses de las naciones son ídolos,
pero el Señor ha hecho los cielos.
6El esplendor y la majestad son sus heraldos;
hay poder y belleza en su santuario.
7Tributen al Señor, pueblos todos,
tributen al Señor la gloria y el poder.
8Tributen al Señor la gloria que merece su nombre;
traigan sus ofrendas y entren en sus atrios.
9Póstrense ante el Señor en la hermosura de su santidad.
Tiemble delante de él toda la tierra.
10Digan las naciones:
«¡El Señor reina!».
Ha establecido el mundo con firmeza;
jamás será removido.
Él juzga a los pueblos con equidad.
11¡Alégrense los cielos, regocíjese la tierra!
¡Brame el mar y todo lo que él contiene!
12¡Canten alegres los campos y todo lo que hay en ellos!
¡Que canten alegres todos los árboles del bosque!
13¡Canten delante del Señor porque ya viene!
¡Ya viene a juzgar la tierra!
Y juzgará al mundo con justicia
y a los pueblos con fidelidad.

Proverbios

Proverbios 14:5-6
5El testigo veraz jamás miente;
el testigo falso propaga mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla;
para el entendido, el conocimiento es cosa fácil.

 
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