Antiguo Testamento
Éxodo 10:1-12:13
Éxodo 10
La plaga de langostas
1El Señor dijo a Moisés: «Ve a hablar con el faraón. En realidad, soy yo quien ha endurecido el corazón del faraón y sus funcionarios, para realizar entre ellos mis señales milagrosas.
2Lo hice para que puedas contarles a tus hijos y a tus nietos la dureza con que traté a los egipcios, y las señales que realicé entre ellos. Así sabrán que yo soy el Señor».
3Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón y le advirtieron: «Así dice el Señor y Dios de los hebreos: “¿Hasta cuándo te opondrás a humillarte en mi presencia? Deja ir a mi pueblo para que me rinda culto.
4Si te niegas a dejarlos ir, mañana mismo traeré langostas sobre tu país.
5De tal manera cubrirán la superficie de la tierra que no podrá verse el suelo. Se comerán lo poco que haya quedado después del granizo, y acabarán con todos los árboles que haya en los campos.
6Infestarán tus casas, las de tus funcionarios y las de todos los egipcios. Será algo que ni tus padres ni tus antepasados vieron jamás, desde el día en que se establecieron en este país hasta la fecha”».
7Entonces los funcionarios dijeron al faraón:
8El faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón para decirles:
9—Nos van a acompañar nuestros jóvenes y nuestros ancianos —respondió Moisés—. También nos acompañarán nuestros hijos y nuestras hijas, nuestras ovejas y vacas, pues vamos a celebrar la fiesta del Señor.
10—Que el Señor los acompañe —repuso el faraón—, ¡si es que yo dejo que se vayan con sus mujeres y sus hijos! ¡Claramente se ven sus malas intenciones!
11¡Pero no será como ustedes quieren! Si lo que quieren es rendirle culto al Señor, ¡vayan solo ustedes los hombres!
12Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende los brazos sobre todo Egipto, para que vengan langostas y cubran todo el país, y se coman todo lo que crece en los campos y todo lo que dejó el granizo».
13Moisés extendió su vara sobre Egipto, y el Señor hizo que todo ese día y toda esa noche un viento del este soplara sobre el país. A la mañana siguiente, el viento del este había traído las langostas,
14las cuales invadieron todo Egipto y se asentaron en gran número por todos los rincones del país. ¡Nunca antes hubo semejante plaga de langostas ni la habrá después!
15Eran tantas las langostas que cubrían la superficie de la tierra que ni el suelo podía verse. Se comieron todas las plantas del campo y todos los frutos de los árboles que dejó el granizo. En todo Egipto no quedó nada verde, ni en los árboles ni en las plantas.
16El faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón a toda prisa y les dijo: «He pecado contra el Señor su Dios y contra ustedes.
17Yo les pido que perdonen mi pecado una vez más, y que rueguen por mí al Señor su Dios, para que por lo menos aleje de donde yo estoy esta plaga mortal».
18En cuanto Moisés salió de la presencia del faraón, rogó al Señor,
19y el Señor hizo entonces que el viento cambiara, y que un fuerte viento del oeste se llevara las langostas y las echara al mar Rojo. En todo Egipto no quedó una sola langosta.
20Pero el Señor endureció el corazón del faraón y este no dejó que los israelitas se fueran.
La plaga de tinieblas
21El Señor dijo a Moisés: «Levanta los brazos al cielo, para que todo Egipto se cubra de tinieblas, ¡tinieblas tan densas que se puedan palpar!».
22Moisés levantó los brazos al cielo, y durante tres días todo Egipto quedó envuelto en densas tinieblas.
23Durante ese tiempo los egipcios no podían verse unos a otros ni moverse de su sitio. Sin embargo, en todos los hogares israelitas había luz.
24Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y le dijo:
25A esto respondió Moisés:
26y además nuestro ganado tiene que ir con nosotros. ¡No puede quedarse aquí ni una sola pezuña! Para rendirle culto al Señor nuestro Dios tendremos que tomar algunos de nuestros animales, y no sabremos cuáles debemos presentar como ofrenda hasta que lleguemos allá.
27Pero el Señor endureció el corazón del faraón, y este no quiso dejarlos ir,
28sino que le gritó a Moisés:
29—¡Bien dicho! —respondió Moisés—. ¡Jamás volveré a verte!
Éxodo 11
La plaga contra los primogénitos
1El Señor dijo a Moisés: «Voy a traer una plaga más sobre el faraón y sobre Egipto. Después de eso, dejará que se vayan. Y cuando lo haga, los echará de aquí para siempre.
2Habla con el pueblo y diles que todos ellos, hombres y mujeres, deben pedirles a sus vecinos y vecinas objetos de oro y de plata».
3El Señor hizo que los egipcios vieran con buenos ojos a los israelitas. Además, en todo Egipto Moisés mismo era altamente respetado por los funcionarios del faraón y por el pueblo.
4Moisés anunció: «Así dice el Señor: “Hacia la medianoche pasaré por todo Egipto,
5y todo primogénito egipcio morirá: desde el primogénito del faraón que ahora ocupa el trono hasta el primogénito de la esclava que trabaja en el molino, lo mismo que todo primogénito del ganado.
6En todo Egipto habrá grandes lamentos, como no los ha habido ni volverá a haberlos.
7Pero entre los israelitas, ni los perros ladrarán a persona o animal alguno”. Así sabrán que el Señor hace distinción entre Egipto e Israel.
8Todos estos funcionarios tuyos vendrán a verme y de rodillas me suplicarán: “¡Vete ya, con todo el pueblo que te sigue!”. Cuando esto suceda, me iré».
Y ardiendo de ira, salió Moisés de la presencia del faraón,
9aunque ya el Señor había advertido a Moisés que el faraón no les iba a hacer caso, que tenía que ser así para que las maravillas del Señor se multiplicaran en Egipto.
10Moisés y Aarón realizaron ante el faraón todas estas maravillas; pero el Señor endureció el corazón del faraón, y este no dejó salir de su país a los israelitas.
Éxodo 12
La Pascua
12:14-20 – Lv 23:4-8; Nm 28:16-25; Dt 16:1-8
1En Egipto el Señor habló con Moisés y Aarón. Les dijo:
2«Este mes será para ustedes el primero; será el primer mes del año.
3Hablen con toda la comunidad de Israel y díganles que el día décimo de este mes todos ustedes tomarán un cordero o un cabrito por familia, uno por cada casa.
4Si alguna familia es demasiado pequeña para comerse un cordero o un cabrito entero, deberá compartirlo con sus vecinos más cercanos, teniendo en cuenta el número de personas que sean y las raciones de cordero que se necesiten, según lo que cada persona haya de comer.
5El animal que se escoja puede ser un cordero o un cabrito de un año y sin defecto,
6al que cuidarán hasta el catorce del mes, día en que la comunidad de Israel en pleno lo sacrificará al caer la noche.
7Tomarán luego algo de esa sangre y la untarán en los dos postes y en el dintel de la puerta de la casa donde coman el cordero.
8Deberán comer la carne esa misma noche, asada al fuego y acompañada de hierbas amargas y pan sin levadura.
9No deberán comerla cruda ni hervida, sino asada al fuego, junto con la cabeza, las patas y los intestinos.
10Y no deben dejar nada para mañana. En caso de que algo quede, lo quemarán al día siguiente.
11Comerán el cordero de este modo: con el manto ceñido a la cintura, con las sandalias puestas, con la vara en la mano y de prisa. Se trata de la Pascua del Señor.
12»Esa misma noche pasaré por todo Egipto y heriré de muerte a todos los primogénitos, tanto de personas como de animales, y ejecutaré mi sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.
13La sangre servirá para señalar las casas donde ustedes se encuentren, pues al verla pasaré de largo. Así, cuando hiera yo de muerte a los egipcios, no los tocará a ustedes ninguna plaga destructora.
Nuevo Testamento
Mateo 20:1-28
Mateo 20
Parábola de los viñadores
1»Asimismo, el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo.
2Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo.
3Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza.
4Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo y les pagaré lo que sea justo”.
5Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía, y luego a la media tarde e hizo lo mismo.
6Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?”.
7“Porque nadie nos ha contratado”, contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo”.
8»Al atardecer, el dueño del viñedo ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su salario, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros”.
9Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde y cada uno recibió la paga de un día.
10Por eso, cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban recibir más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día.
11Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario.
12“Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día”.
13Pero él contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga?
14Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti.
15¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia que yo sea generoso?”.
16»Así que los últimos serán primeros y los primeros serán últimos».
Jesús predice de nuevo su muerte
20:17-19 – Mr 10:32-34; Lc 18:31-33
17Mientras subía Jesús rumbo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos y les dijo:
18«Ahora vamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley. Ellos lo condenarán a muerte
19y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen. Pero al tercer día resucitará».
La petición de una madre
20:20-28 – Mr 10:35-45
20Entonces la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor.
21—¿Qué quieres? —preguntó Jesús.
Ella le dijo:
22—Ustedes no saben lo que están pidiendo —respondió Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber?
23—Les aseguro que beberán de mi copa —dijo Jesús—, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo. Eso ya lo ha decidido mi Padre.
24Cuando lo oyeron los otros diez, se indignaron con los dos hermanos.
25Jesús los llamó y dijo:
26Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor
27y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás,
28así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.
Salmos
Salmo 25:1-15
Salmo 25
Salmo 25
Álef
1A ti, Señor, elevo mi alma;
Bet
2mi Dios, en ti confío;
no permitas que sea yo humillado,
Guímel
3Quien en ti pone su esperanza
jamás será avergonzado;
pero quedarán en vergüenza
Dálet
4Señor, hazme conocer tus caminos;
He
5Encamíname en tu verdad.
Vav
Y enséñame,
Zayin
6Acuérdate, Señor, de tu misericordia y gran amor,
Jet
7Olvida los pecados y las transgresiones
Acuérdate de mí según tu gran amor,
Tet
8Bueno y justo es el Señor;
Yod
9Él dirige en la justicia a los humildes,
Caf
10Todas las sendas del Señor son amor y verdad
Lámed
11Por amor a tu nombre, Señor,
Mem
12¿Quién es el hombre que teme al Señor?
Nun
13Tendrá una vida próspera
Sámej
14El Señor brinda su amistad a quienes le temen
Ayin
15Mis ojos están puestos siempre en el Señor,
Pe
Proverbios
Proverbios 6:6-11
6¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga!
7No tiene quien la mande
ni quien la vigile ni gobierne;
8con todo, en el verano almacena provisiones
9Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado?
10Un corto sueño, una breve siesta,
un pequeño descanso, cruzado de brazos…
11¡y te asaltará la pobreza como un bandido,
Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc. Usado con permiso. Reservados todos los derechos en todo el mundo.