Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

10 de octubre de 2026
Jeremías 14:11-16:15, 1 Tesalonicenses 2:9-3:13, Salmo 80:1-19, Proverbios 25:1-5

Antiguo Testamento

Jeremías 14:11-16:15
11Entonces el Señor me dijo: «No ruegues por el bienestar de este pueblo.
12Aunque ayunen, no escucharé sus clamores; aunque me ofrezcan holocaustos y ofrendas de cereal, no los aceptaré. En verdad, voy a exterminarlos con la espada, el hambre y la plaga».
13Pero yo respondí: «¡Ah, mi Señor y Dios! Los profetas les dicen que no se enfrentarán con la espada ni pasarán hambre, sino que tú les concederás una paz duradera en este lugar».
14El Señor me contestó: «Esos profetas están profetizando mentiras en mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado ninguna orden, ni siquiera les he hablado. Lo que están profetizando son visiones engañosas, adivinaciones vanas y delirios de su propia imaginación.
15Por eso, así dice el Señor: “En cuanto a los profetas que profetizan en mi nombre sin que yo los haya enviado, y que además dicen que no habrá espada ni hambre en este país, ellos mismos morirán de hambre y a filo de espada.
16Y el pueblo al que profetizan será arrojado a las calles de Jerusalén a causa del hambre y de la espada. No habrá quien los entierre, ni a ellos ni a sus esposas, ni a sus hijos ni a sus hijas. Y derramaré sobre ellos la calamidad que se merecen”.
17»Tú les dirás lo siguiente:
»“Que mis ojos derramen lágrimas
día y noche, sin cesar,
porque la virginal hija de mi pueblo
ha sufrido una herida terrible,
un golpe muy duro.
18Si salgo al campo,
veo los cuerpos de los muertos a filo de espada;
si entro en la ciudad,
veo los estragos que el hambre ha producido.
Tanto el profeta como el sacerdote
andan errantes en la tierra sin comprender nada”».
19¿Has rechazado por completo a Judá?
¿Detestas a Sion?
¿Por qué nos has herido de tal modo
que ya no tenemos remedio?
Esperábamos tiempos de paz,
pero nada bueno recibimos.
Esperábamos tiempos de salud,
pero solo nos llegó el terror.
20Reconocemos, Señor, nuestra maldad
y la iniquidad de nuestros antepasados.
¡Hemos pecado contra ti!
21En honor a tu nombre, no nos desprecies;
no deshonres tu trono glorioso.
¡Acuérdate de tu pacto con nosotros!
¡No lo quebrantes!
22¿Acaso hay entre los ídolos falsos
alguno que pueda hacer llover?
¿Pueden los cielos solos dar lluvia?
Solo tú, Señor y Dios nuestro,
puedes hacer todas estas cosas;
por eso nuestra esperanza está en ti.
Jeremías 15
1El Señor me dijo: «Aunque Moisés y Samuel se presentaran ante mí, no tendría compasión de este pueblo. ¡Échalos de mi presencia! ¡Que se vayan!
2Y, si te preguntan: “¿A dónde iremos?”, entonces les responderás que así dice el Señor:
»“Los destinados a la muerte, a la muerte;
los destinados a la espada, a la espada;
los destinados al hambre, al hambre;
los destinados al cautiverio, al cautiverio”.
3»Enviaré contra ellos cuatro clases de calamidades —afirma el Señor—, la espada para matar, los perros para destrozar, las aves del cielo para devorar y las bestias de la tierra para destruir.
4Los haré motivo de terror para todos los reinos de la tierra, por causa de lo que Manasés, hijo de Ezequías y rey de Judá, hizo en Jerusalén.
5»¿Quién tendrá compasión de ti, Jerusalén?
¿Quién llorará por ti?
¿Quién se detendrá a preguntar por tu bienestar?
6Tú me has rechazado,
te has vuelto atrás»,
afirma el Señor.
«Extenderé mi mano contra ti y te destruiré;
estoy cansado de tenerte compasión.
7Te arrojaré al viento con el rastrillo
en las puertas de la ciudad.
A ti te dejaré sin hijos y a mi pueblo lo destruiré,
porque no cambió su conducta.
8Haré que sus viudas sean más numerosas
que la arena de los mares;
en pleno día enviaré destrucción
contra las madres de los jóvenes.
De repente haré que caigan sobre ellas
la angustia y el pavor.
9Se desmaya la que tuvo siete hijos;
se queda sin aliento.
Su sol se pone en pleno día;
¡se queda avergonzada y humillada!
A sus sobrevivientes los entregaré a la espada
delante de sus enemigos»,
afirma el Señor.
10¡Ay de mí, madre mía, que me diste a luz
como hombre de contiendas y disputas contra toda la nación!
No he prestado ni me han prestado,
pero todos me maldicen.
11El Señor dijo:
«Ciertamente te libraré para bien;
haré que el enemigo te suplique
en tiempos de calamidad y de angustia.
12»¿Puede el hombre romper el hierro,
el hierro del norte o el bronce?
13»Por causa de todos tus pecados
en todo tu territorio,
entregaré como botín tu riqueza y tus tesoros
sin costo alguno.
14Haré que sirvas a tus enemigos
en una tierra que no conoces,
porque mi ira encenderá un fuego
que arderá contra ustedes».
15Tú comprendes, Señor;
¡acuérdate de mí y cuídame!
¡Toma venganza de los que me persiguen!
Tú eres lento para la ira;
no permitas que sea yo arrebatado;
sabes que por ti sufro injurias.
16Al encontrarme con tus palabras,
yo las devoraba;
ellas eran mi gozo
y la alegría de mi corazón,
porque yo llevo tu nombre,
Señor Dios de los Ejércitos.
17No me he sentado en compañía de libertinos
ni me he divertido con ellos;
he vivido solo, porque tu mano estaba sobre mí
y me has llenado de indignación.
18¿Por qué no cesa mi dolor?
¿Por qué es incurable mi herida?
¿Por qué se resiste a sanar?
¿Serás para mí un arroyo engañoso,
de aguas no confiables?
19Por eso, así dice el Señor:
«Si te arrepientes, yo te restauraré
y podrás servirme.
Si evitas hablar en vano
y dices palabras valiosas,
tú serás mi portavoz.
Que ellos se vuelvan hacia ti,
pero tú no te vuelvas hacia ellos.
20Haré que seas para este pueblo
como invencible muro de bronce;
pelearán contra ti,
pero no te podrán vencer,
porque yo estoy contigo
para salvarte y librarte»,
afirma el Señor.
21«Te libraré del poder de los malvados;
te rescataré de las garras de los violentos».
Jeremías 16
Mensaje de juicio
1La palabra del Señor vino a mí y me dijo:
2«No te cases ni tengas hijos ni hijas en este lugar».
3Porque así dice el Señor en cuanto a los hijos y las hijas que han nacido en este lugar, y en cuanto a las madres que los dieron a luz y los padres que los engendraron en esta tierra:
4«Morirán de enfermedades horribles. Nadie llorará por ellos ni los sepultará; se quedarán sobre la faz de la tierra, como el estiércol. La espada y el hambre acabarán con ellos, y sus cadáveres servirán de alimento para las aves del cielo y para las bestias de la tierra».
5Así dice el Señor: «No entres en una casa donde estén de luto, ni vayas a llorar, ni los consueles, porque a este pueblo le he retirado mi paz, mi gran amor y mi compasión», afirma el Señor.
6«En esta tierra morirán grandes y pequeños; nadie llorará por ellos ni los sepultará; nadie se hará heridas en el cuerpo ni se rapará la cabeza por ellos.
7Nadie ofrecerá un banquete fúnebre a los que estén de duelo para consolarlos por el muerto. Tampoco a nadie se le dará a beber la copa del consuelo, aun cuando quien haya muerto sea su padre o su madre.
8»No entres en una casa donde haya una celebración ni te sientes con ellos a comer y beber.
9Porque así dice el Señor de los Ejércitos, el Dios de Israel: voy a poner fin en este lugar a toda expresión de alegría y de regocijo; así como al cántico del novio y de la novia. Esto sucederá en sus propios días y ustedes lo verán.
10»Cuando anuncies a este pueblo todas estas cosas, ellos te preguntarán: “¿Por qué ha decretado el Señor contra nosotros esta calamidad tan grande? ¿Cuál es nuestra iniquidad? ¿Qué pecado hemos cometido contra el Señor nuestro Dios?”.
11Entonces les responderás: “Esto es porque sus antepasados me abandonaron y se fueron tras otros dioses, les sirvieron y los adoraron. Pero a mí me abandonaron y no cumplieron mi Ley”, afirma el Señor.
12“Pero ustedes se han comportado peor que sus antepasados. Cada uno sigue la terquedad de su corazón malvado, en vez de obedecerme.
13Por eso los voy a arrojar de esta tierra a una tierra que ni ustedes ni sus antepasados conocieron, y allí servirán a otros dioses día y noche. No les tendré compasión”.
14»Por eso —afirma el Señor—, vienen días en que ya no se dirá: “Tan cierto como que vive el Señor, quien hizo salir a los israelitas de la tierra de Egipto”,
15sino: “Tan cierto como que vive el Señor, quien hizo salir a los israelitas de la tierra del norte y de todos los países adonde los había expulsado”. Yo los haré volver a su tierra, la que antes di a sus antepasados.

Nuevo Testamento

1 Tesalonicenses 2:9-3:13
9Recordarán, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas para proclamarles el evangelio de Dios y cómo trabajamos día y noche para no serles una carga.
10Ustedes son testigos, y también Dios, de que nos comportamos con ustedes los creyentes en una forma santa, justa e irreprochable.
11Saben también que, a cada uno de ustedes, lo hemos tratado como trata un padre a sus propios hijos.
12Los hemos animado, consolado y exhortado a llevar una vida digna de Dios, que los llama a su reino y a su gloria.
13Así que no dejamos de dar gracias a Dios, porque al oír ustedes la palabra de Dios que les predicamos, la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que realmente es, palabra de Dios, la cual actúa en ustedes los creyentes.
14Ustedes, hermanos, siguieron el ejemplo de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea, ya que sufrieron a manos de sus compatriotas lo mismo que sufrieron aquellas iglesias a manos de los judíos.
15Estos mataron al Señor Jesús y a los profetas, y a nosotros nos expulsaron. No agradan a Dios y son hostiles a todos,
16pues procuran impedir que prediquemos a los no judíos para que sean salvos. Así en todo lo que hacen llegan al colmo de su pecado. Pero el castigo de Dios vendrá sobre ellos con toda severidad.
Pablo anhela ver a los tesalonicenses
17Nosotros, hermanos, luego de estar separados de ustedes por algún tiempo en lo físico, pero no en lo espiritual, con ferviente anhelo hicimos todo lo humanamente posible por ir a verlos.
18Sí, deseábamos visitarlos —yo mismo, Pablo, más de una vez intenté ir—, pero Satanás nos lo impidió.
19En resumidas cuentas, ¿cuál es nuestra esperanza, alegría o corona delante de nuestro Señor Jesús para cuando él venga? ¿Quién más sino ustedes?
20Sí, ustedes son nuestro orgullo y alegría.
1 Tesalonicenses 3
1Por tanto, cuando ya no pudimos soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas.
2Así que les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos y animarlos en la fe
3para que nadie fuera perturbado por estos sufrimientos. Ustedes mismos saben que se nos destinó para esto,
4pues cuando estábamos con ustedes les advertimos que íbamos a padecer sufrimientos. Y así sucedió.
5Por eso, cuando ya no pude soportarlo más, mandé a Timoteo a indagar acerca de su fe, no fuera que el tentador los hubiera inducido a hacer lo malo y que nuestro trabajo hubiera sido en vano.
El informe alentador de Timoteo
6Ahora Timoteo acaba de volver de Tesalónica con buenas noticias de la fe y del amor de ustedes. Nos dice que conservan gratos recuerdos de nosotros y que tienen muchas ganas de vernos, tanto como nosotros a ustedes.
7Por eso, hermanos, en medio de todas nuestras angustias y sufrimientos ustedes nos han dado ánimo por su fe.
8¡Ahora sí que vivimos al saber que están firmes en el Señor!
9¿Cómo podemos agradecer bastante a nuestro Dios por ustedes y por toda la alegría que nos han proporcionado delante de él?
10Día y noche le suplicamos que nos permita verlos de nuevo para suplir lo que falta a su fe.
11Que el Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesús, nos preparen el camino para ir a verlos.
12Que el Señor los haga crecer para que se amen más y más unos a otros, y a todos, tal como nosotros los amamos a ustedes.
13Que los fortalezca interiormente para que, cuando nuestro Señor Jesús venga con todos los que han creído en él, la santidad de ustedes sea intachable delante de nuestro Dios y Padre.

Salmos

Salmo 80:1-19
Salmo 80
Salmo 80
Al director musical. Sígase la tonada de «Los lirios del pacto». Salmo de Asaf.
1Pastor de Israel, ¡escúchanos!
Tú que guías a José como a un rebaño,
tú que tienes tu trono entre los querubines, ¡resplandece!
2Delante de Efraín, Benjamín y Manasés,
muestra tu poder y ven a salvarnos.
3¡Restáuranos, oh Dios!
¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
y sálvanos!
4¿Hasta cuándo, Señor Dios de los Ejércitos,
arderá tu ira
contra las oraciones de tu pueblo?
5Por comida le has dado pan de lágrimas;
por bebida, lágrimas en abundancia.
6Nos has hecho motivo de contienda para nuestros vecinos;
nuestros enemigos se burlan de nosotros.
7¡Restáuranos, oh Dios de los Ejércitos!
¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
y sálvanos!
8De Egipto trajiste una vid;
expulsaste a los pueblos paganos y la plantaste.
9Le limpiaste el terreno,
y ella echó raíces y llenó la tierra.
10Su sombra se extendía hasta las montañas,
su follaje cubría los cedros majestuosos.
11Sus ramas se extendieron hasta el Mediterráneo
y sus renuevos hasta el Éufrates.
12¿Por qué has derribado sus muros?
¡Todos los que pasan le arrancan uvas!
13Los jabalíes del bosque la destruyen,
los animales del campo la devoran.
14¡Vuélvete a nosotros, oh Dios de los Ejércitos!
¡Asómate a vernos desde el cielo
y brinda tus cuidados a esta vid!
15¡Es la raíz que plantaste con tu diestra!
¡Es el vástago que has criado para ti!
16Tu vid está derribada, quemada por el fuego;
a tu reprensión perece tu pueblo.
17Bríndale tu apoyo al hombre de tu diestra,
al hijo de hombre que has criado para ti.
18Entonces no nos apartaremos de ti;
reavívanos e invocaremos tu nombre.
19¡Restáuranos, Señor Dios de los Ejércitos!
Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
y sálvanos.

Proverbios

Proverbios 25:1-5
Proverbios 25
Más proverbios de Salomón
1También estos son otros proverbios de Salomón, copiados por los escribas de Ezequías, rey de Judá.
2La gloria de Dios es ocultar un asunto,
y la gloria de los reyes es investigarlo.
3Tan impenetrable es el corazón de los reyes
como alto es el cielo y profunda la tierra.
4Quita la escoria de la plata
y de allí saldrá material para el orfebre;
5quita de la presencia del rey a oficiales malvados
y el rey afirmará su trono en la justicia.

 
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