Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

20 de julio de 2026
2 Crónicas 1:1-3:17, Romanos 6:1-23, Salmo 16:1-11, Proverbios 19:20-21

Antiguo Testamento

2 Crónicas 1:1-3:17
2 Crónicas 1
Salomón pide sabiduría
1:2‑13 – 1R 3:4‑15
1:14‑17 – 1R 10:26‑29; 2Cr 9:25‑28
1Salomón, hijo de David, consolidó su reino, pues el Señor su Dios estaba con él y lo hizo muy poderoso.
2Salomón habló con todos los israelitas, es decir, con los comandantes de mil y de cien soldados, con los jueces y con todos los jefes de las familias patriarcales de Israel.
3Luego él y toda la asamblea que lo acompañaba se dirigieron al santuario de Gabaón, porque allí se encontraba la Tienda de reunión de Dios que Moisés, siervo del Señor, había hecho en el desierto.
4El arca de Dios se encontraba en Jerusalén, en la tienda que David le había preparado cuando la trasladó desde Quiriat Yearín,
5pero el altar de bronce que había hecho Bezalel, hijo de Uri y nieto de Hur, estaba en Gabaón, frente al santuario del Señor. Por eso Salomón y los israelitas fueron a ese lugar para consultar al Señor.
6Allí, en presencia del Señor, Salomón subió al altar de bronce que estaba en la Tienda de reunión y en él ofreció mil holocaustos.
7Aquella noche Dios se le apareció y le dijo:
―Pídeme lo que quieras.
8Salomón respondió:
―Tú trataste con mucho amor a mi padre David y a mí me has permitido reinar en su lugar.
9Señor y Dios, cumple ahora la promesa que le hiciste a mi padre David, pues tú me has hecho rey de un pueblo tan numeroso como el polvo de la tierra.
10Yo te pido sabiduría y conocimiento para gobernar a tu pueblo; de lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?
11Entonces Dios le dijo a Salomón:
―Ya que has pedido sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he hecho rey, y no has pedido riquezas ni bienes ni esplendor, ni siquiera la muerte de tus enemigos o una vida muy larga;
12sabiduría y conocimiento te daré. Pero además voy a darte riquezas, bienes y esplendor, como nunca los tuvieron los reyes que te precedieron ni los tendrán los que habrán de sucederte.
13Después de esto, Salomón bajó de la Tienda de reunión, que estaba en el santuario de Gabaón, y regresó a Jerusalén, desde donde reinó sobre Israel.
14Salomón acumuló carros y caballos; llegó a tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, los cuales mantenía en las caballerizas y también en su palacio en Jerusalén.
15El rey hizo que la plata y el oro fueran en Jerusalén tan comunes como las piedras, y el cedro tan abundante como las higueras de la llanura.
16Los caballos de Salomón eran importados de Egipto y de Coa, que era donde los mercaderes de la corte los compraban.
17Un carro importado de Egipto costaba seiscientos siclos de plata; un caballo, ciento cincuenta. Además, estos carros y caballos se los vendían a todos los reyes hititas y arameos.
2 Crónicas 2
Los preparativos para la construcción del templo
2:1‑18 – 1R 5:1‑16
1Salomón decidió construir un templo en honor al Nombre del Señor y un palacio real para él mismo.
2Con este fin reclutó a setenta mil cargadores y ochenta mil canteros, para que trabajaran en la montaña. Al frente de ellos puso a tres mil seiscientos capataces.
3Luego Salomón le envió este mensaje a Hiram, rey de Tiro:
«Envíame madera de cedro, tal como lo hiciste con mi padre David cuando se la enviaste para que se construyera un palacio.
4Voy a construir un templo en honor al Nombre del Señor mi Dios. Lo consagraré a él para quemar incienso aromático en su presencia, colocar siempre el pan consagrado y ofrecer allí los holocaustos de la mañana y de la tarde, los sacrificios de los sábados y de luna nueva, así como los de las otras fiestas del Señor nuestro Dios. Esto se hará en Israel siempre.
5»Voy a edificar un templo majestuoso, pues nuestro Dios es el más grande de todos los dioses.
6Pero ¿cómo edificarle un templo, si ni los cielos más altos pueden contenerlo? ¿Y quién soy yo para construirle un templo, aunque solo sea para quemar incienso delante de él?
7»Envíame un experto para trabajar el oro y la plata, el bronce y el hierro, y la lana color púrpura, escarlata y azul, y que sepa hacer grabados, para que trabaje junto con los expertos que yo tengo en Judá y en Jerusalén, los cuales contrató mi padre David.
8»Envíame también del Líbano madera de cedro, de ciprés y de sándalo, pues yo sé que tus obreros son expertos en cortar estos árboles. Mis obreros trabajarán con los tuyos
9para prepararme mucha madera, porque el templo que voy a edificar será grande y maravilloso.
10A tus siervos que corten la madera les daré veinte mil coros de trigo, veinte mil coros de cebada, veinte mil batos de vino y veinte mil batos de aceite».
11En respuesta, Hiram, rey de Tiro, le envió a Salomón la siguiente carta:
«El Señor te ha hecho rey de su pueblo porque te ama.
12¡Alabado sea el Señor, Dios de Israel, que hizo el cielo y la tierra, porque le ha dado al rey David un hijo sabio, dotado de sabiduría e inteligencia, el cual construirá un templo para el Señor y un palacio real para él mismo!
13»Te envío, pues, a Hiram Abí, hombre sabio e inteligente,
14hijo de una mujer oriunda de Dan y de un nativo de Tiro. Sabe trabajar el oro y la plata, el bronce y el hierro, la piedra y la madera, la lana color púrpura y azul, la tela de lino y la lana color escarlata; también es experto en hacer toda clase de figuras y en realizar cualquier diseño que se le encargue. Hiram trabajará junto con tus expertos y con los de David, tu padre y mi señor.
15»Envíanos ahora el trigo, la cebada, el aceite y el vino que tan bondadosamente me has prometido.
16Nosotros cortaremos del Líbano la madera que necesites y te la llevaremos por mar hasta Jope, en forma de balsas. De allí tú la llevarás a Jerusalén».
17Salomón hizo un censo de todos los extranjeros que vivían en Israel. Este censo, que fue posterior al que había hecho su padre David, arrojó la cifra de ciento cincuenta y tres mil seiscientos.
18A setenta mil de ellos los puso como cargadores; a ochenta mil, como canteros en las montañas; y a tres mil seiscientos, como capataces para dirigir a los trabajadores.
2 Crónicas 3
Salomón construye el templo
3:1‑14 – 1R 6:1‑29
1Salomón comenzó a construir el templo del Señor en el monte Moria, en Jerusalén, donde el Señor se le había aparecido a su padre David. Lo construyó en el lugar que David había destinado, esto es, en el lugar donde Arauna el jebuseo limpiaba el trigo.
2La construcción la comenzó el día dos del mes segundo del cuarto año de su reinado.
3Salomón determinó que los cimientos del templo de Dios fueran de sesenta codos de largo por veinte codos de ancho, usando la medida antigua.
4El vestíbulo de la nave medía lo mismo que el ancho del templo; es decir, también medía veinte codos de largo y veinte codos de alto. Por dentro, Salomón lo recubrió de oro puro.
5Cubrió la nave central con paneles de madera de ciprés, los cuales recubrió con oro fino y sobre los cuales colocó cadenas y figuras de palmeras.
6El templo lo adornó con piedras preciosas y con oro de Parvayin.
7En el interior del templo recubrió de oro las vigas, los umbrales, las paredes y las puertas, y en las paredes esculpió querubines.
8Salomón hizo también el Lugar Santísimo, el cual medía lo mismo que el ancho del templo; es decir, veinte codos de largo y de ancho. Lo recubrió por dentro con seiscientos talentos de oro fino.
9Cada clavo de oro pesaba cincuenta siclos. También recubrió de oro las habitaciones superiores.
10En el Lugar Santísimo mandó tallar dos querubines y los recubrió de oro.
11Las alas de los querubines medían veinte codos de largo. Cada una de las alas del primer querubín medía cinco codos; una de ellas tocaba la pared interior de la habitación y la otra rozaba el ala del segundo querubín.
12Cada una de las alas del segundo querubín también medía cinco codos de largo; una de ellas tocaba la pared interior de la habitación y la otra rozaba el ala del primer querubín.
13Los querubines estaban de pie, con el rostro hacia la nave, y sus alas extendidas medían en total veinte codos.
14La cortina la hizo de lana color azul, púrpura y escarlata y de tela de lino, y sobre ella mandó bordar querubines.
15En la fachada del templo levantó dos columnas de treinta y cinco codos de largo, y el capitel que coronaba cada columna medía cinco codos de alto.
16Además, mandó hacer unas cadenas trenzadas y las colocó en lo alto de las columnas; hizo también cien granadas y las intercaló entre las cadenas.
17Levantó las columnas en la fachada del templo, una en el lado sur y otra en el lado norte. A la primera la nombró Jaquín y a la segunda, Boaz.

Nuevo Testamento

Romanos 6:1-23
Romanos 6
Muertos al pecado, vivos en Cristo
1¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde?
2¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?
3¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?
4Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte. De modo que, así como Cristo resucitó por el glorioso poder del Padre, también nosotros andemos en una vida nueva.
5En efecto, si hemos estado unidos con él en una muerte como la suya, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección.
6Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado;
7porque el que muere queda liberado del pecado.
8Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos en que también viviremos con él.
9Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
10En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios.
11De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.
12Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal ni obedezcan a sus malos deseos.
13No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia.
14Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la Ley, sino bajo la gracia.
Esclavos de la justicia
15Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!
16¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la justicia.
17Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida.
18En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia.
19Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad.
20Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia.
21¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte!
22Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna.
23Porque la paga del pecado es muerte, mientras que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Salmos

Salmo 16:1-11
Salmo 16
Salmo 16
Mictam de David.
1Protégeme, oh Dios,
porque en ti busco refugio.
2Yo le he dicho al Señor: «Mi Señor eres tú.
Fuera de ti, no poseo bien alguno».
3En cuanto a los santos que están en la tierra,
son los nobles en quienes está toda mi delicia.
4Aumentarán los dolores
de los que corren tras otros dioses.
¡Jamás derramaré sus ofrendas de sangre
ni con mis labios pronunciaré sus nombres!
5Tú, Señor, eres mi herencia y mi copa;
eres tú quien ha afirmado mi porción.
6Bellos lugares me han tocado;
¡preciosa herencia me ha correspondido!
7Bendeciré al Señor, quien me aconseja;
aun de noche mi corazón me instruye.
8Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.
9Por eso mi corazón se alegra
y se regocijan mis entrañas;
mi cuerpo también vivirá confiado.
10No me abandonarás en los dominios de la muerte;
no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.
11Me has dado a conocer el camino de la vida;
me llenarás de alegría en tu presencia
y de dicha eterna a tu derecha.

Proverbios

Proverbios 19:20-21
20Escucha el consejo y acepta la corrección,
y llegarás a ser sabio.
21Muchos son los planes en el corazón de las personas,
pero al final prevalecen los designios del Señor.

 
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